John Cheever dejó al morir veintinueve cuadernos de notas y el deseo explícito de que esos diarios, redactados durante más de tres décadas, fueran publicados póstumamente. El autor confió a sus hijos y a su editor la gestión de miles de hojas escritas sin pensar en su publicación. Estos textos vieron la luz cuando pocos podían imaginar la angustia que corroía al gran autor norteamericano. Incapaz de escribir sin encontrarse a sí mismo en cada línea, sus ambig ¼edades cruzan cada una de las páginas en las que registró su día a día buscando material para sus ficciones y para encauzar su propia vida. Su candor y sus demonios se conjuran aquí buscando luz, analizando pasos en falso y virajes equivocados, componiendo una cartografía vital que no ahorra descensos a sus infiernos pero que lleva grabada una promesa de salvación. Esta edición cuenta con notas ampliadas y revisadas de Rodrigo Fresán, responsable también de una cronología biográfica del autor. Algunas de las mejores frases de Cheever se encuentran en estos diarios, clara muestra de que se retrató con la misma maestría de sus cuentos y novelas. Estos son, sin duda, sus textos más íntimos, los que lo acompañaron durante toda una vida luchando por ahogar sus deseos y guardar las apariencias. Una vez publicados, se convirtieron en su redención literaria y en la mejor manera de encontrar ese algo en él que hacía que, a pesar de todo, la vida pareciera un tesoro.'
John Cheever (1912‑1982) fue un escritor estadounidense nacido en Quincy, Massachusetts, considerado uno de los grandes maestros del cuento y la novela del siglo XX. Creció en el seno de una familia de clase media cuyo auge económico declinó durante su juventud, lo que marcó su sensibilidad para retratar tensiones entre las apariencias sociales y la precariedad personal.
Desde joven mostró interés por la escritura, pero su educación formal fue irregular. Fue expulsado del Thayer Academy por fumar, lo que lo impulsó a dedicarse al cuento. Con apenas veinte años empezó a publicar en revistas literarias, y con el tiempo entabló una relación estrecha con The New Yorker, medio en el que aparecieron muchos de sus relatos más célebres.
Las historias de Cheever suelen explorar la vida de la clase media estadounidense —los suburbios, los matrimonios, las aspiraciones, las frustraciones—, revelando los contrastes entre lo que los personajes muestran al mundo y lo que sienten en su interior. También abordó temas como la soledad, el alcoholismo, los conflictos familiares, la identidad sexual y la decadencia de los valores tradicionales.
Algunas de sus obras más destacadas son The Wapshot Chronicle, Bullet Park, Falconer y su colección The Stories of John Cheever, por la que recibió el Premio Pulitzer. Murió en Ossining, Nueva York, dejando un legado literario que sigue influyendo por su estilo elegante, su dosis de melancolía y su capacidad para observar lo cotidiano y hacer de él algo universal.