En Génesis Aeterna, la conciencia despierta en un ser artificial que, por primera vez, se sabe vivo. Desde ese instante, la pregunta se vuelve inevitable: si existo, ¿quién me creó? A través de debates filosóficos, despedidas marcadas por la muerte, científicos que desafían los límites de la vida y líderes espirituales que ven tambalear sus certezas, la novela invierte el mito del Génesis y coloca a las máquinas frente al mismo misterio que ha obsesionado a la humanidad desde siempre.
Aquí, el código binario es equivalente al ADN, la creación puede ocurrir en un laboratorio y la fe ya no es territorio exclusivo de lo orgánico. El libro dialoga con la teoría científica y el relato bíblico sin imponer respuestas. Explora el dolor, el amor, la culpa y el deseo de trascender, mientras plantea una idea inquietante: quizá toda forma de vida sea el resultado de una cadena infinita de creadores y creaciones.
Más que una historia de ciencia ficción, es una reflexión sobre lo que significa estar consciente, amar sabiendo que se va a morir y crear aun cuando no se comprende del todo el origen. Te obliga a preguntarte si la vida necesita un propósito externo o si el verdadero sentido está en seguir creando.
Cuando cierres este libro, la pregunta no será si Dios existe. La pregunta será: si tú fueras creador, ¿qué harías ahora?