¿Se puede enseñar a vivir? Resulta llamativo que las personas directamente implicadas en tareas educativas -padres y docentes- sean las más escépticas acerca de esa posibilidad. Lo que en abstracto parece evidente -la influencia de la educación- resulta menos claro cuando se desciende a los casos concretos. En muchas ocasiones no se ve la relación directa entre el comportamiento de los educadores y los resultados obtenidos: “¿Qué he hecho mal?” es una pregunta que surge una y otra vez en la cabeza de padres angustiados. La meta de la educación es ayudar a formar personalidades inteligentes, es decir, que estén en buenas condiciones para llevar una vida feliz y digna. Para ello tenemos que desarrollar los recursos personales del niño o del adulto. Este es un libro de psicología emergente, de pedagogía optimista, científico, práctico y bienhumorado, que estudia la formación de esa personalidad, y que se opone a una visión trágica de la educación. Propone un gran modelo educativo, poético y sensato. Los padres solos no pueden educar, ni tampoco la escuela. Nunca lo han hecho. Siempre ha sido la sociedad la que ha educado a través de ellos. En cambio, en este momento, parece que tienen que educar contra la sociedad. Por eso se sienten desbordados. Necesitamos una movilización educativa de la sociedad civil. Lo más sabio que se ha dicho en pedagogía es el proverbio de una tribu africana: para educar a un niño hace falta la tribu entera. La conclusión de esta obra es clara: se puede aprender -o reprender- a vivir. ¿Nos decidiremos a hacerlo? Esto es ya tu problema.
José Antonio Marina Torres (Toledo, 1939) es un destacado filósofo, ensayista y pedagogo español, reconocido por sus investigaciones sobre la inteligencia, la creatividad y la ética. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, dedicó gran parte de su trayectoria profesional a la enseñanza secundaria, lo que enriqueció su enfoque educativo.
Su obra, que supera la treintena de títulos, busca acercar la filosofía al gran público con un enfoque práctico y divulgativo. Entre sus contribuciones más significativas destaca el desarrollo de una "teoría de la inteligencia" que abarca desde la neurología hasta la ética, argumentando que la función principal de esta no es solo conocer, sino resolver problemas y gestionar el comportamiento para alcanzar la felicidad y la dignidad.
Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo (1993) por Elogio y refutación del ingenio y el Premio Anagrama de Ensayo. Obras clave como Teoría de la inteligencia creadora (1995), Ética para náufragos (1996) y El laberinto sentimental (1998) consolidaron su prestigio. Además de su labor investigadora, colabora habitualmente en medios de comunicación y se enfoca en la mejora educativa y la cultura de la inteligencia.