Cada vez que empezamos un libro, desde la primera letra que escribimos ya sabemos que nos metemos en un mundo de fantasía, un universo paralelo al real donde pasan cosas que serían imposibles en lo cotidiano. Un auto salta de un avión a 1200 km por hora y sigue funcionando. El héroe se pelea contra veinte adversarios, que esperan de a uno para ser atacados a la vez, ensayando bailes coreográficos alrededor. Golpes que no dejan marcas. Espadas que atraviesan cuerpos pero salen limpias. Un boxeador profesional al ser noqueado queda inconsciente un par de minutos pero nuestro héroe en cuestión con un solo golpe duerme al villano por 8 horas. Las balas enemigas no aciertan nunca y las buenas solamente lo hacen con plenitud milimétrica contra los extras, al malo le erran todo el tiempo. Bases secretas siempre en un país desconocido pero de Centro América. Agencias gubernamentales llenas de siglas que nadie entiende y mi favorita por antonomasia, con un pañuelo en la boca impiden que un rehén hable. Pero ¿qué puedo hacer yo? si el mundo de la “novela/cinematográfica” ya era así antes que yo tocara por primera vez un teclado. Así que como de una u otra manera, siempre va primero escrito, todo dependerá de qué y cómo lo quiera contar el escritor, si más real o definitivamente imaginario. Yo solamente tuve una idea que quise plasmar en papel, lo más cercana posible a lo que se pueda llegar a ver en el mundo real. Dos de mis personajes quedan a discreción del lector, una licencia que me permito. Me divertí, me peleé y en verdad me satisfizo mucho escribir esta historia, deseo de corazón que tu experiencia se parezca a la mía y así poder encontrarnos en la historia que viene. Un sincero abrazo y gracias a aquellos que estén todo el tiempo allá, que me permita a mí seguir estando acá.