Esta colección, nacida hace 25 años y proyectada con destino a estudiosos, estudiantes y lectores exigentes, ha dado a conocer en textos impecables, basados en las primeras ediciones o en manuscritos autógrafos, las obras y autores más significativos de la Literatura española. La limpieza y autenticidad del texto es una condición imprescindible en Clásicos Castalia.SUMARIO: Quevedo y su tiempo (8) Introducción (19) 1. La España de Quevedo (19) 2. Semblanza de Quevedo (22) 3. Quevedo, escritor del Barroco (25) 3.1. El poeta (27) 3.2. El prosista (30) 4. El estilo de Quevedo (37) 4.1. El conceptismo (38) 4.2. Procedimientos técnicos (40) 4.3. Recursos estilísticos (43) 5. Presentación del Buscón (49) Bibliografía (53) Documentación gráfica (55) Nota previa (61) La vida del Buscón llamado don Pablo (63) Libro primero (66) Libro segundo (114) Libro tercero (152) Documentos y juicios críticos (217) Orientaciones para el estudio del Buscón (235) I. Aspectos históricos (235) II. Argumento (238) III. Aspectos del contenido: temas e intenciones (237) IV. Análisis de la estructura (241) V. Técnica y estilo (248) Índice de capítulos (251).
Francisco de Quevedo nació el 17 de septiembre de 1580, en Madrid. Era miope, cojo y algo cargado de espaldas, lo que lo convirtieron en una persona de carácter tímido, violento y amargado. Estudió Humanidades en Alcalá de Henares y Teología en Valladolid. En esta ciudad adquirió una sólida formación, escribió sus primeros poemas y empezó su enconada rivalidad con Góngora. En 1606 se trasladó de nuevo a Madrid. De 1613 a 1619 se dedicó a la vida política y marchó a Italia como consejero y secretario del duque de Osuna. Volvió de nuevo a la Corte en 1623, y en 1639 fue condenado a 4 años de prisión por ciertas actividades políticas internacionales. A mediados de 1644 se trasladó a la Torre de Juan Abad, y de allí pasó, enfermo, al pueblo vecino de Villanueva de los Infantes, donde murió el 8 de septiembre de 1645. Hombre de vida turbulenta y atormentada, la figura de Quevedo representa al hombre barroco por excelencia. El sentimiento pesimista y desengañado que brota de sus obras es una muestra de su visión del mundo. Su alma sensible, su cultura y su inteligencia hicieron de él un escritor crítico y satírico, que, además, expresó como nadie la angustia existencial del hombre barroco asediado por el paso del tiempo y por la eterna presencia de la muerte.