En Lynch, una voz coral reconstruye la epopeya delirante del empresario Henry Lynch, el «carnicero de los Andes», que vino desde Estados Unidos a civilizar el Perú a latigazos y dinamita, Lo que empezó como una obra de progreso el tren en la sierra central-devino una máquina de explotación, exterminio y delirio. Prostitutas, curas, soldados, peones, capataces, indigenas y bando leros tejen una crónica feroz del capitalismo salvaje en su versión más cruda y tropical. El progreso, aquí, huele a sangre, verruga y pólvora. Necrofucker, en cambio, nos lleva a las calles de Lima a fines del siglo XX. En un mundo de piratas de casetes, conciertos metaleros, violencia barrial y adolescentes desencantados, tres amigos buscan sentido (o destrucción) entre pogos, películas gore y peleas callejeras. Esta segunda novela es el reverso contemporáneo de la primera: si Lynch muestra la fundación brutal de la nación moderna, Necrofucker revela su resaca marginal.
Richard Parra (Bogotá, 1976) es un escritor colombiano cuya narrativa se ha ocupado especialmente de la violencia, la marginalidad, la memoria y las fracturas sociales de la Colombia contemporánea. Estudió Literatura en la Universidad Nacional de Colombia y ha desarrollado una obra que combina la crudeza del realismo con una marcada preocupación por el lenguaje y la construcción de personajes. Entre sus novelas se encuentran La secta de los perros, Siempre es bueno tener un problema y Perros del diablo, consolidando una voz literaria vinculada a los territorios urbanos y a las experiencias de quienes viven en los márgenes del poder y la sociedad.
Perros del diablo profundiza en el universo narrativo de Parra mediante una historia atravesada por la violencia y la corrupción. El autor se interesa menos por ofrecer respuestas tranquilizadoras que por mostrar cómo los individuos quedan atrapados en estructuras donde la brutalidad termina pareciendo cotidiana. Su narrativa utiliza personajes complejos y situaciones límite para explorar la relación entre violencia, poder y supervivencia. El resultado es una novela áspera y provocadora, en la que Bogotá y sus zonas más oscuras funcionan no solo como escenario, sino también como una fuerza que condiciona las vidas de sus protagonistas.