Nadja, originally published in France in 1928, is the first and perhaps best Surrealist romance ever written, a book which defined that movement's attitude toward everyday life. The principal narrative is an account of the author's relationship with a girl in teh city of Paris, the story of an obsessional presence haunting his life. The first-person narrative is supplemented by forty-four photographs which form an integral part of the work -- pictures of various surreal people, places, and objects which the author visits or is haunted by in naja's presence and which inspire him to mediate on their reality or lack of it. The Nadja of the book is a girl, but, like Bertrand Russell's definition of electricity as not so much a thing as a way things happen, Nadja is not so much a person as the way she makes people behave. She has been described as a state of mind, a feeling about reality, k a kind of vision, and the reader sometimes wonders whether she exists at all. yet it is Nadja who gives form and structure to the novel.
André Breton fue un escritor, poeta y ensayista francés considerado el principal fundador y teórico del surrealismo. Nacido en 1896 en Tinchebray, Francia, estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la Primera Guerra Mundial, experiencia que despertó su interés por el inconsciente, los sueños y las teorías de Sigmund Freud. Tras vincularse inicialmente al dadaísmo, Breton impulsó el movimiento surrealista en la década de 1920 mediante manifiestos, revistas y experimentos de escritura automática. Su influencia trascendió la literatura y alcanzó la pintura, el cine y la filosofía, convirtiéndose en una figura central de las vanguardias europeas. Básicamente, si el surrealismo tuvo un director técnico, Breton llevaba el silbato y probablemente también un pez flotando sobre la cabeza.
Entre sus obras más importantes se encuentran Nadja, Los vasos comunicantes, El amor loco y El arte mágico, ensayo donde reflexiona sobre la relación entre creación artística, simbolismo y pensamiento mágico a lo largo de distintas culturas y períodos históricos. Breton defendía el arte como una vía de liberación mental y transformación de la realidad, alejándose de las restricciones racionalistas tradicionales. Aunque su personalidad generó tensiones dentro del propio movimiento surrealista, su papel como impulsor intelectual y organizador fue decisivo para consolidar una de las corrientes artísticas más influyentes del siglo XX.